jueves, noviembre 26, 2009

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Mi madre es de un pueblo que no es el único que se llama Bolívar. Al que me refiero se ubica en la provincia de Buenos Aires: profunda pampa argentina y se compone de 16 cuadras por 16 cuadras, dividido en el centro por dos avenidas perpendiculares que cruzan la locación transversalmente. Es como la ciudad Playmobil, donde sólo hay una cosa de cada una: Una estación de bomberos, un hospital, una comisaría, una iglesia, un supermercado, una estación de tren, un ayuntamiento, un restaurante, un bar, un parque, un supermercado, una heladería, un cementerio. Y jamás habrán dos, porque sería absurdo comprar dos hospitales de Playmobil, un derroche, un asco de capitalismo. ¿Para qué querría un niño dos Iglesias? ¿Para pelearse consigo mismo por tener más de un credo? No tendría ningún sentido.

Así es Bolívar, y en Bolívar hay un museo. Me es imposible recordar del todo qué existe en ese museo, por lo que nos quedaremos con la monovisión y hablaré de la única pieza de la que sí afirmo su existencia: una bala de cañón que con seguridad proveniente de la Independencia Argentina. Es para mí muy honroso confesar en este momento, que esa bala fue encontrada por mi abuelo, a quién nunca conocí. Se que era español y que llegó a (“la”, porque sólo hay una) Argentina a los trece años, enviado por su madre para salvar su vida de algo que seguro era muy peligroso como para que lo cambiaran de país. En Sudamérica mi abuelo se dedicó al bien: ser productivo en el campo y tener una familia. Mi madre lo recuerda con mucho amor. Parece ser que además de grande y muy peludo, era interesado en la lectura. Como campesino hizo los esfuerzos intelectuales que le fueron posibles y cada año encargaba, para leerlo en ese periodo, un tomo más de una enciclopedia que llegaba desde España –en ese entonces España contenía todos los libros–. La enciclopedia guardada celosamente por mi madre, es la piedra fundadora de la intelectualidad en mi familia, que por ahora no es de tan larga trayectoria, soy hija única y aun estamos viendo si voy para intelectual.

Un museo, una pieza, una enciclopedia, una heredera, un renglón (éste).

La bala de cañón que llevó al museo mi abuelo, la encontró caminando en el campo. Seguro que mi abuelo nunca había visto una bala de cañón, pero probablemente gracias a sus conocimientos enciclopédicos pudo reconocerla con facilidad y, honrosamente, la donó al lugar que le corresponde: el de su exhibición. Nunca he visto esa bala, pero gracias a mis conocimientos wikipédicos, me la puedo imaginar esférica y perfecta en el centro del salón blanco del museo. Debe haber por ahí alguna cédula que explique su historia e importante donación, pero no se ve mucho. Si hay otras piezas, o si no está expuesta como la imagino, no importa nada; a final de cuentas no la he visto. Lo que es mejor, es que en El Museo esté La Pieza y que sea una esfera, un punto: La pieza que contiene a todas las piezas, el objeto de los sujetos, por lo menos su representación metafórica. Después de todo, Argentina es el país en el que se escribió “el punto que contiene todos los puntos” , y puede ser que una persona con dos credos tampoco sea un disparate.


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[1] Línea de juguetes de plástico fabricados por el grupo Brandstäter (geobra Brandstätter GmbH & Co KG) con sede en Zirndorf (Alemania). La base de estos juguetes es un muñeco de 7.5 cm de alto. Sus partes móviles son la cabeza, los brazos y las piernas (y en algunos pocos casos, solo una) y dependiendo de su antigüedad también las muñecas. Estas figuras disponen de multitud de accesorios, vehículos, edificios, plantas y animales en su misma escala que permiten crear una gran cantidad de escenarios y situaciones. www.wikipedia.org

[2] El Aleph, Jorge Luis Borges. Emecé Editores, Argentina, 1974. Edición original: Argentina, 1949.

sábado, noviembre 21, 2009

Una de las cosas que más disfruto en la vida es decir mentiras, pero jamás aceptaré que haya dicho alguna

viernes, enero 30, 2009

El peor director del mundo

Había llegado la última etapa. Quedaban semanas o, en el mejor de los casos, meses. Fue el mejor de los casos, y pasamos una larga temporada esperando a que sucediera. Él pasaba sus días completos frente al televisor, trabajando en sus películas y viendo televisión por las tardes. Descubrió que pasarían Ed Wood de Tim Burton y me invitó a que la viéramos. Yo me reía mucho cuando él ironizaba diciendo: “pinches gringos, siempre tienen que tener lo más de todo; tanto el mejor cine, como el peor director; cuando cualquier película mexicana le quita el título a Ed Wood fácil”. A mi me pareció que el día en que pasaba la película podía verla con él y me ilusionaba la idea. Ya la habíamos visto antes y la disfrutábamos juntos. Pero claro, el día y la hora se me olvidaron. Cuando llegué más tarde a la casa, me dijo:
- Como no pudiste llegar a ver la película la grabé y después podemos verla juntos.
- ¡Qué barbaridad, lo olvidé! Perdóname.
- No te preocupes, me gusta mucho ver la película, pero más contigo. Entiendo que se te haya olvidado y por eso la grabé, podemos verla cuando sea.
A la mañana siguiente, en medio de mis apuros para salir a la universidad, me preguntó cuándo creía yo que podríamos ver la película, dando como ejemplo esa misma noche a las nueve. Me pareció muy realizable dicho ejemplo y aseguré estar a esa hora. Cuando eran las nueve y media, mi celular sonó:
- Hola chatita, ¿qué haces?
- Aquí con Lilián papá, ¿por?
- Nada, es que como habíamos quedado de ver la película a las nueve…
- ¡Es verdad! Ay, pero es que ahora estoy en medio de algo. ¿Qué te parece mejor el jueves?
- Es perfecto para mi el jueves, no tengo nada que hacer.
- Buenísimo, gracias papá.
- Gracias a ti chatita.
El jueves por la noche, el sonido del celular se repitió:
- ¿Qué haces ojitos moros?
- ¡Ed Wood! No es posible… lo olvidé de nuevo.
- Bueno, esas cosas pasan, podemos muy bien verla mañana.
- Si, si, por favor mañana.
- ¡Qué emoción mañana! Besos chatita.
Y mañana, cuando estaba enrimelándome las pestañas a punto de salir, se acercó con la dificultad que le costaba caminar por el pasillo hasta mi cuarto y me preguntó:
- ¿Lista para Ed Wood?
- Uy papá, es que quedé de ir a esta fiesta… Te promet-
- Pero Amanda, dime algo, ¿si quieres verla? Porque si no quieres está bien por mi.
- ¡Claro que quiero verla! Es que no se dónde traigo la cabeza…
- Bueno, entonces porqué no me dices tú cuándo puedes verla.
- El… martes, el martes en la noche segurísimo.
- Por mi está muy bien, pero que sea de verdad, piénsalo bien. Es que mi alma no sabe si puede aguantar un desaire más.
Me hacía tanta gracia mi padre…
- Cómo eres. Claro que podré el martes.
- ¿Estás segura? Porque si no quieres está bien, es sólo que quiero saber cuándo podrás.
- Que si, que si, el martes papá, seguro.
Y lo que pasó el martes, fue que el periodo de meses había terminado, el martes mi padre murió por la mañana mientras yo estaba en la universidad.

jueves, diciembre 18, 2008

Ya tenía ganas

Ya venía yo queriendo escribir sobre el 2008. En este año el arte local sufrió una transformación de apertura que parece no haber servido de nada. Me sirven a mi de perfecto pretexto las siguientes palabras que Dolores Garnica publicó en el periódico Público el martes 16 de diciembre:

Firulais, en el Museo de la Ciudad. Vasto compilado de más de 50 artistas visuales tapatíos. Curaduría forzada para “ajustar” el arte al discurso del homenaje al célebre payaso tapatío. Cristián Silva merece un aplauso por lograr meter más de 30 piezas a una sala, aunque quince de esas ya las hayamos visto en otras exposiciones. Firulais es una muestra con algunas, poquísimas, buenas nuevas piezas, y la mayoría sin ninguna relación con el payaso, así que sugiero recorrerla intercambiando el “¿Dónde está Wally?” por “¿Dónde está lo nuevo?”


Casi al final del año, se presentó esta muestra que, acordando con Garnica, gira en torno al payaso Firulais, fue curada por Cristián Silva y participaron más de 50 artistas. Pero en desacuerdo con ella, habría que señalar que el discurso de la muestra no termina sólo en un homenaje al payaso, sino que es posible hacer una lectura más profunda del asunto. Me serviré en citar los párrafos que me parecen indispensables para llegar a un mayor acercamiento a la esencia de esta muestra:

Desde que el ser humano vive agrupado en comunidades, siempre ha habido individuos destinados a ejercer una función que, si bien no es estrictamente práctica ni funcional, resulta casi indispensable.

Ya sea por sus conocimientos curativos, por su aguda capacidad de observación y de conexión entre el más allá y el más acá, ya sea por su ingenio, curiosidad, sensibilidad, audacia, sabiduría o extravagancia, las sociedades siempre han requerido de estos agentes encargados de enriquecer las condiciones espirituales de los hombres; personajes que representan, al mismo tiempo, un punto común que está en medio de todos nosotros y un punto desconocido y misterioso que se encuentra completamente fuera de nuestro entorno.

Nos referimos a quienes, unidos por una raíz común, han sido catalogados a lo largo del tiempo y de las culturas como chamanes, brujos, curanderos, bardos, oradores, alquimistas, sacerdotes, magos, arlequines, bufones, payasos, comediantes o artistas.
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Después, el breve ensayo continúa refiriéndose a la carta del Tarot llamada El Loco, el cuál es presentado como un “iniciado”, y termina vinculando a Firulais con estas descripciones. Efectivamente califica al personaje como un iniciado social, pero es en realidad el pretexto para hablar de sí mismo: del arte. Cualquier artista invitado a la muestra que haya entendido el enunciado que se plantea tan claramente, se pudo sentir en libertad de no resignarse a hacer un retrato de Firulais, sino probablemente de sí mismo o del ejercicio en sí que haría. La labor curatorial entonces se concretó en incorporar dichos trabajos dentro de “la historia de la ciudad”, al interior de, valga la redundancia, la colección patrimonial del Museo de la Ciudad a cargo de contar la historia de Guadalajara. Y así es que Firulais (Fragmentos selectos de la historia reciente de Guadalajara) es una exposición que hace un retrato de la situación del arte actual, incrustado en un determinado contexto: Guadalajara coma Jalisco coma México en el año del 2008. Todo esto, sin nunca dejar de mencionar al payaso “homenajeado“: no hay ningún “letrero” (párrafos con extractos de la autobiografía de Firulais dentro de las salas) que haya sido colocado casualmente. En esta muestra, también en desacuerdo con Garnica, no se trata de andar encontrando la pieza contemporánea, sino de ver todas las propuestas como parte de un solo discurso; los textos en salas dan la clave para hacer una conexión entre un tiempo y otro, entre un estrato y otro. Lo plausible de Silva no es nada más haber podido “meter” tantas piezas en una sola sala, sino que además logró que convivieran y relataran una nueva historia, una que nos concierne más, que no es monotemática, que se lee desde diferentes ángulos y no pierde su coherencia; pero que tampoco es nada complicada, es directa y sencilla, cosa sólo de poner atención.

Y ésta es la exposición más grande con la que cierra el año. Incluye artistas que han sido catalogados por los colectivos o asociaciones en las que han participado, otros más jóvenes y casi desconocidos, o algunos de antaño. No se puede decir que ninguno sea contemporáneo, independientemente a la técnica que utilice, su discurso es vigente en el relato de los “locos” que tienen mayor propuesta discursiva en el arte de la ciudad. Y sus obras mantienen diálogo con la tradición jalisciense, que también es, otra vez, representada por la figura de Firulais, pero quién, de pronto, ya está en segundo término. Hubiera sido una lástima ver nada más retratos figurativos del payaso (de perfil, tres cuartos, llorando, alegre, en su esquina tirado), como sucedió con la mayoría de las obras expuestas en el Cabañas con motivo del homenaje a J.C. Orozco, y que se abrió una semana antes. Ahí, se invitaron a la mayoría de los pintores jaliscienses y a algunos “contemporáneos” —entrecomillo, ya que sabemos que todos son contemporáneos, pero en esta localidad es como se distingue entre un autor con temas actuales y otro reminiscente de corrientes viejas—. En términos generales, da la impresión que el homenaje a Orozco no se preocupó por interpretar o revisar la relevancia del artista actualmente, sino que sin mayor lectura de esto, la mayoría de los participantes se limitaron a retratarlo. Pero fue notable una obra, no por su calidad, no por la propuesta temática, sino por el claro reflejo de la gran confusión que hay ante el tema del arte contemporáneo. Ya dije en este párrafo —entre líneas— lo que para mi es la sencilla diferencia; sin embargo el autor del cuadro al que me refiero, Dale Kaplan, y sabemos que muchos más (la mayoría, de hecho), interpreta esta diferencia como grupos de poder que se auto-benefician entre sí por parentescos familiares o políticos. Y ya, para él, eso es todo, no hay más. Fuera de que haya una parte cierta, olvida de manera incauta leer el arte que las personas retratadas en su cuadro apoyan, que puede que estén diciendo algo más allá que la mayoría de los retratos, o imitadores de la técnica de Orozco.

La descripción del cuadro es la siguiente: dentro de la cúpula donde Orozco pintó El Hombre de Fuego, está (presentado como un gran absurdo) el Ferrari que Lebrija fotografió anteriormente en ese espacio; lo rodean Patrick Charpenel, los hermanos Tomás y Aurelio López Rocha, Elena Matute con una copa de vino en la misma posición en la que está su padre esculpido en la Av. Vallarta, otros poderíos de la política y la religión que yo no alcanzo a reconocer, y en el fondo lo mejor: como el sol naciente se asoma un balón de futbol con rayos rojos, tal como son las Chivas Rayadas del Club Guadalajara y que no me recuerdan más que al grandísimo e ilustre dueño de tal Club: Jorge Vergara. Es en este punto donde no me importa no reconocer a los demás personajes, puesto que ya es evidente que la interpretación de los hechos es completamente errónea, en el sentido de querer meter a todos los gatos al mismo costal: Jorge Vergara, para el momento en el que el cuadro debió ser pintado, no podía estar más descalificado por estos grupos de poder artístico.

Recapitulemos: Hace poco más de un año a J. Vergara le dio por acercarse al arte. Le da esa cosa de vez en cuando, pero ahora quería que fuera bien en serio y sobre todo a lo grande. Pero más bien le dio por ahí a su mujer de aquél momento, Rossana Lerdo de Tejada, quién había trabajado anteriormente en una de las galerías más poderosas: Gagossian, en Nueva York. Ahí fue precisamente donde Lerdo de Tejada y Vergara se conocieron. El entusiasmo de ella pareció que había terminado no sólo de convencer a Vergara en adquirir obras, sino de abrir un tan necesario espacio de arte contemporáneo en Guadalajara que no se estuviera autoreflejando a si mismo y sin ver el tiempo correr, sino que pudiera ofrecer exposiciones mundiales con el arte más propositivo que se estuviera produciendo. Esto con la finalidad de que la ciudad pudiera tener un mejor acercamiento a las corrientes actuales. Parecía improbable que Vergara hubiera tenido esa inquietud, a menos de que funcionara para su megalomanía; pero como fuera, La Planta, Arte Contemporáneo Omnilife, abrió en noviembre del 2007 y sólo se pudo ver una exposición en ella durante los nueve meses que duró abierta (la exposición YÄQ duró tres meses). Se dieron algunos cursos, se proyectaron películas y la biblioteca de arte contemporáneo estaba a disposición gratuita del público. Pero el programa expositivo no avanzaba por una sencillísima razón: Vergara cambió de mujer, y como en realidad le preocupaba muy poco el arte y a la nueva consorte le fue importantísimo subir y subir ventas en Omnilife (cuál decimonónica empresa), pero sobre todo acabar con la imagen de la pasada, el museo cerró y a quién le importa lo que yo haga con mi dinero. Así de grave es la incomprensión con respecto a la producción artística que ocurre justo ahora en el mundo y que es coherente con el tiempo en el que vivimos. Son más de 50 años de desconocimiento total sobre lo que se ha estado haciendo y parece que a pocos les importa ver el reflejo del mundo en el que se vive, hecho por esta bola de “locos” (aquellos imprescindibles personajes de los que Silva habla, a la mayoría de la comunidad jalisciense le vale). Por eso, cuando van a la exposición de Firulais, creyendo entender muy bien que el arte contemporáneo se trata de cosas nuevas, cosas nuevas, olvida que es en realidad una relación entre lo que hay y lo que hubo, entre lo que se pensó y lo que se está pensando (en un primer acercamiento, claro está, pero ni siquiera se ha podido llegar a eso). Simple as that.


AGM





Y en la galería Curro y Poncho (Curro, quien es sobrino de J. Vergara), manejada por Lulú Armendáriz, acaba de abrir la exposición If you leave me, can I go with you? de Artemio. Es una exposición muy interesante, aunque como siempre, se agradecerían cédulas.

1 El texto completo se podrá leer en las paredes del Museo de la Ciudad hasta febrero del 2009.

miércoles, diciembre 10, 2008

A ver.

A ver, ¿una cosa insignificante carece de valor?, todo significa algo: si todo tiene significado nada es insignificante, todo tiene un valor, aunque sea un valor de desperdicio, un envase de tetra pak que ya no puede contener nada significa que algo sobró. ¿Puede algo realmente sobrar? Si la materia no se crea ni se destruye entonces una basura sólo estaría mal transformada o en estado de transformación hacia una nueva forma. Esto me recuerda que todo lo verde de la naturaleza (bosques, plantas) se convertirían en veneno si se quemaran. No recuerdo el gas (creo que es dióxido de carbono) que es el que van guardando las plantas y es veneno para el hombre.

A ver, si el valor de una pieza de “arte” ya no esta en su técnica porque entonces sería una artesanía, eso nos lleva a que cualquier objeto puede ser tan importante como una pintura renacentista, eso ya esta hablado, pero se tiene que terminar de superar: la pintura y la escultura clásicas, vistas ahora en perspectiva, se convierten (se han convertido) en ilustraciones y prácticamente cualquier pieza de arte moderno y contemporáneo puede pasar por algo más, o es más bien algo más: a rueda de bicicleta en refacción, las manchas expresionistas se quedan en sólo manchas, las piezas conceptuales en ensayos ilustrados (pensando en Kosuth), las instalaciones en desechos o decorados temáticos, la DS (de Gabriel Orozco) en ejercicio de diseño, (el video y el cine tal vez se escapan de este asunto). Tomando en cuenta que, como mencionaba antes, a nuestros ojos el arte clásico perfectamente podría verse como no-arte y lo demás perfectamente podría pasar por otra cosa, nos queda entonces que ya nada fue, ni es, ni será arte y que este concepto sólo nos sirve como divertimento superficial, extra y holgado. También podría ser que este arte que ya no lo es funciona para reflexionar acerca de los objetos y los sucesos que nos rodean, los descubre, los congela, los explora. En este caso ya no tienen que ver los autores ni las instituciones, son las materias las que se dispondrán solas, incluso imponiéndose a los supuestos responsables (eso, la responsabilidad, ¿qué con eso?), transformándose libres del peso de la realidad dentro de las galerías y los museos.

Se podría hacer un club de irresponsables de la materia, dispositores de un orden que fuera cual fuera, estaría perfecto (orden vs. desorden). Y así se podría generar un arte libre, libre de su autor, sin valor comercial, mas bien algo así como valor radial (¡¿si?!), está muy deseoso esto, tal vez medio fuera de lugar.

Algo tiene que ver con el choro del innombrable mexicano mencionado antes (perdón) de devolverle a las materias su verdadera razón de ser, pero para realmente hacer esto se tendrá que volver a convertir en objeto fuera del “arte”

A lo mejor esto se sale mucho del desperdicio, o a lo mejor tiene todo que ver, se desperdicia un espacio, y luego ¿qué sucede? ¿se hace una fiesta?, disfrutas de tu estancia en ningún lugar (muy Cage esto).

A ver, hasta aquí.




Leonardo Persona

miércoles, noviembre 26, 2008

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viernes, noviembre 21, 2008

Programación original de mi DJ Shuffle

miércoles, noviembre 19, 2008

R.I.P.

martes, noviembre 18, 2008

mátalas callando



MATA
Ruido 4



viernes, noviembre 07, 2008

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